"Everything"


Sobre todo y nada.

¿Qué hacer con la soledad natural del ser amado?

Nada, no es asunto que compete. Ese es el amor a punto: dos soledades que se encuentran, dos egoísmos regulados por la convivencia. Amar es exhibir abiertamente la soledad que me pertenece, que siempre será mía.

El afecto que desconoce la soledad ajena termina por justificar el rapto, el dominio alocado o la
quimera atroz de “querer meterme adentro tuyo para que no me faltes nunca”: tragar, comer,
desmenuzar al amado, triturar a la amada. En cambio, la manía inteligente (una manía pequeña bien administrada) devora soledades: aire y vacío con gusto a ella o a él, sabores, sensaciones de proximidad, sólo eso: resignación amorosa, realismo, otra vez. ¿Qué hacer con la soledad natural del ser amado? Nada, no es asunto que compete. Ese es el amor a punto: dos soledades que se encuentran, dos egoísmos regulados por la convivencia. Amar es exhibir abiertamente la soledad que me pertenece, que siempre será mía.
Puedo estar con vos, pero no en vos. Además, qué angustia vivir en tu interior: ¿qué haría entonces yo con mi mundo? Somos potencias aisladas que a veces se encuentran en el recodo de lo imposible, en el silencio (sobre todo allí), en el aguante de nunca poder ser uno, como en el mito de Aristófanes. La soledad, a diferencia del aislamiento o el abandono, no niega el vínculo afectivo sino que lo vuelve inagotable, bellamente inconcluso, un proceso siempre vivo y activo. El amor, al menos este amor humano, nunca se completa. Tocarse pero no fundirse, hasta allí.
Y cuando comprendemos a regañadientes que nadie nos pertenece, la mirada cambia. Entonces me descubro y te descubro, juntos pero no trastornados, sujetos a este hilo invisible que nos mantiene unidos, alegres y solitarios.

Amores Altamente Peligrosos 

DE: Walter Riso

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Fuente: soledadnatural